Me encontraba cerca del mar. Habíamos planeado una acción para acabar con el mundo. Nos prenderíamos fuego con sal en el cuerpo, y las llamas acabarían con todo y con todxs. Cuando comenzó la batalla, no sé cómo finalmente salí ileso y subí a un barco, con un puñado de gentes. Íbamos camino al más acá. En un momento, como si fuera un cuento de Julio Verne, el mar se abrió, tragándonos un agujero inmenso por donde descendimos a ese mítico lugar llamado infierno. Las cosas no eran muy distintas del mundo de arriba. Es más, me sorprendió la cálida luz de una tarde otoñal. En ese contexto, y viendo que las cosas iban a ser más o menos lo mismo, comenzamos a urdir un nuevo plan, para acabar con este mundo, para siempre y de una sola vez.