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TR1ZT4N

las causas de la tristeza

Mes: noviembre 2025

Ese lejano resplandor

Publicada el 2025-11-21 - 2025-12-19 por TRZTN

Hay algo oculto detrás de lo aparente, una verdad que insiste en no revelarse, aunque luche por recuperar su estatus de cosa viva, más allá de su mera existencia en las sombras. La realidad siempre estuvo aquí, agazapada en los pliegues de la rutina, mientras nosotros la dejamos pasar, como quien observa ese tren que no para en ninguna estación.

En ese universo de lenguajes invisibles, emerge la silueta de un objeto que desaparece cada vez que nos acercamos a él, como la imagen de quién huye de sí mismo como de su vago reflejo, convirtiendo a aquello que lo persigue en su perseguidor. De eso se trata el camuflaje, de existir en la piel de otro cuerpo, plenamente consciente de su forma de huésped, alojado en las fibras más estrechas, bajo la forma de espíritus atávicos en un mundo superfluo, demasiado sensibles para esta sociedad psicópata y carnívora.

Existen pasadizos que atraviesan portales que conducen a salidas. Eso es el laberinto. En él, soy consumido como un trozo de carbón a fuego lento. Cada día nace una nueva expectativa por ver la luz. Y sin embargo, cuánto más atravesamos esos umbrales, mayor es el desconsuelo. Y quién será capaz de dar una respuesta entre tantos falsos profetas holísticos, payasos disfrazados de sabios, tecnócratas que fijan los márgenes del mundo con ideas como el patriotismo xenófobo y obediencia a la bandera del consumo. Quién podrá descifrar los hilos de esta trama y cortar al fin los nudos, para devorarnos en un acto de canibalismo social y revolucionario. Ese pasadizo existe en la perversión de lo visible, que actúa en el terreno de lo imperceptible, como el tacto que evoca a la memoria de la piel cuando se toca a sí misma. Oscuro tránsito por las orillas de lo desconocido, porque lo que se expande es el miedo a la luz radiante que nos quema. El éxtasis quema. Todo lo demás es un pasatiempo. Y como el tiempo lo deteriora todo, ese placer termina por volverse rechazo absoluto, desconexión de los cuerpos desnudos ante el infinito ¿y para qué? para devolvernos al ser, convertido en individuo, reducido y separado de todo lo demás.

Lo incognoscible es aquello que nos sostiene. A pesar de ello, justificamos el mundo con dispositivos morales, reglamentos y técnicas que hacen girar esta macabra rueda del progreso. Persistimos en la falacia de matar el tiempo cuando en realidad es el tiempo el que nos mata. Claudicamos a cambio de propinas y aplausos. Al final, diremos que no pudimos hacer nada más. Nada, a cambio de salvar nuestro miserable pellejo. Y siempre se puede más. No hay límite en las posibilidades cuando el futuro es infinito. Incertidumbre y caos agitan el cielo y sus constelaciones. El objetivo del universo es la expansión, y en ello se va nuestra existencia. Pero no hay forma de imponer una lógica al crecimiento. Las raíces del árbol buscan entre la tierra su espacio y, aunque el mapa sea el mismo, cada raíz es una extensión de un cuerpo que no para de crecer.

Al fin se llega a la misma conclusión. Somos “ignorantes de la energia que nos habita”1, y avanzamos como sonámbulos dentro de una claridad tan feroz que, en lugar de guiarnos, nos devora los ojos con su lejano resplandor.

  1. Elicura Chihuailaf, poema «El círculo«.

Ramiro

Publicada el 2025-11-20 - 2025-11-20 por TRZTN

A Ramiro lo conocimos como se conocen los verdaderos amigos, por ventura o por magia. Porque vino a aparecer un día en la vereda, entumecido por el invierno, enroscado como una ensaimada delante del portón, mirándome con sus ojos entornados. Conjeturamos acerca de su origen, de si venía de la casa de algún vecinx, o si se había perdido en el bosque, o si literalmente había llegado de otra dimensión con un mensaje indescifrable hasta ese momento para nosotrxs.

Esa mañana, estaba del otro lado de la reja, mirándome con su cuerpo helado y vi que tenía una herida en los testículos. Le dejé un plato de comida, pensando que eso podría animarlo. Dos días después ya se había arrimado al sillón dentro la casa, y aunque no fue desde el primer momento aceptado por los demás habitantes del hogar, se fue ganando su merecido espacio como parte de la familia.

Creo que nos convertimos en buenos amigos. Era tan sensible, que cuando había una situación un poco tensa -y vaya que si las hubo- gemía como si le doliera el alma. Su mirada me convenció de que en otra vida nos habíamos conocido, o que al menos sabía perfectamente qué significaba ser como yo. Quiero decir, como un animal humano.

Nos acompañaba a todas partes, salvo por una excepción; jamás se subía a los autos. A las pocas semanas que llegó, una señora se ofreció para llevárselo a otro hogar, dado que ya éramos bastantes en la casa. Había llegado a nuestras vidas de forma provisoria para que se recuperara de sus heridas, y decidimos dárselo a una vecina del pueblo que se comprometió a cuidarlo. La señora vino en su auto y apenas Ramiro la vio, se fue a esconder debajo de la casa. Fue imposible sacarlo de ahí. A la semana siguiente volvió y él estaba en el sillón, así que lo abracé y lo subí al auto de la señora con una sensación que me rompía el alma, porque sentía que empezaba a quererlo como se quiere a un hermano, a un compañero de ruta. La señora se fue y dos horas más tarde regresó con Ramiro, que se bajó del auto corriendo, moviendo sus orejas con una innegable expresión de alegría, mientras la señora nos pedía disculpas, diciéndonos que había sido un error intentar llevárselo. Dijo que lloró todo el camino y que le había vomitado medio auto por dentro. Entonces supe que él tenía que quedarse con nosotros.

Anoche soñé contigo, Ramiro. Sé que los últimos días fueron tormentosos. Sé que alguien te hizo daño en la patita y sospecho que fue uno de los vecinos mala onda, por haberte comido una de sus gallinas. Anoche soñé contigo y en el sueño me dijeron que te habías ido. Por eso te mando este mensaje, para decirte que estoy bien, que te quiero mucho, y que te extraño. No se si volveremos a vernos, pero sé que conectamos y ni tú ni yo olvidaremos nunca esa profunda amistad. Donde quiera que estés, que la suerte te acompañe siempre, Comandante Ramiro, Compañero del Alma.

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